Ver el mundo
Decirlo bien: explicar y negociar son actuaciones en directo
Aquí no hay acierto o error: se evalúa cómo lo dijiste en el momento, dimensión por dimensión, citando tus propias frases como prueba. El modelo hace de la persona que te escucha: un profano, quien decide, un compañero recién llegado, un reclutador, tu jefe.
Por ahora estas indicaciones solo existen en 简体中文.
Cómo se usa
Interpreta a quien te escucha. Cada ejercicio fija qué sabe esa persona, qué no y qué le importa; la presión sale de mantenerse en el papel. Una regla distingue a esta serie: no puede poner palabras en tu boca. Si te trabas, buscas una palabra o rehaces la frase, espera. Si te termina las frases, la sesión se desperdició.
Aquí hay dos tipos de final, no los mezcles
- Los de explicar terminan con una rúbrica. Es pública y conviene leerla antes: saber por qué dimensiones te miran no revela nada.
- Los de negociar terminan con información oculta: el presupuesto del otro lado, qué palancas se mueven de verdad, cuándo ceden. No la leas antes —— si la lees, ya no queda nada que practicar.
Dónde se detienen los de negociación
No predice resultados (nunca dirá «dilo así y conseguirás X»), no decide por ti (aceptar o marcharte: ni una palabra), no juzga a la otra parte y no da consejo legal ni contractual. Hace una sola cosa: mostrarte qué dijiste, qué te dejaste y en qué frase exacta cediste.
Cómo empezar
- Elige uno, ábrelo y copia el prompt.
- Pégalo en una conversación nueva y espera su primera pregunta.
- Dilo en voz alta si puedes. Aquí se entrena la actuación en directo, y repasarlo mentalmente es otra habilidad distinta de abrir la boca.
Cuatro comandos que puedes soltar en cualquier momento
跳过Pasar ya al siguiente acto换个说法Di eso último de otra manera暂停Salir del papel para una pregunta meta复盘Saltar directo a la ficha de puntuación
Tres trampas
- No dejes que escriba tus frases. Córtalo en cuanto empiece a darte una frase entera —— las palabras que te escribe son las que la próxima vez seguirás sin poder decir.
- A diferencia de los ejercicios de conocimiento, estos nunca se «terminan». Repite el mismo cambiando de tema o de personaje enfrente.
- En cuanto empiece a halagarte, recuérdale la regla «no me halagues». Aquí se puntúa la actuación, no el ánimo.
Empieza por el de explicar hasta atascarte: no necesita preparación y entrena lo más básico. Después elige según lo que tengas delante: pedir recursos, incorporar a alguien, estar en entrevistas, o querer hablar de sueldo.